AFGANISTAN
Aziza
Protagonista Aziza
Lugar Kabul
Entidad COLEUTIVU MILENTA MUYERES
Autor/a MÒNICA BERNABÉ FERNÁNDEZ
Tiene la barbilla pegada al cuello, los dedos de las manos montados unos encima de los otros, y grandes protuberancias en los brazos. El resto del cuerpo no se le ve, pero la responsable de la casa de acogida para mujeres maltratadas de Kabul, Hamida Abdul Qader, asegura que aún es peor. Aziza llegó a la casa hace escasas semanas después de que, en el hospital que la atendieron de las quemaduras que le causó su marido, le dijeron que ya no podían hacer nada más por ella. Tiene dieciséis años. Se casó a los doces. O mejor dicho, la casaron con el marido de su hermana, después de que ésta se escapara del domicilio conyugal.
En Afganistán es tradición que el hombre pague una dote por la mujer con la que quiere contraer matrimonio, que puede llegar a los 4.000 dólares en un país donde un funcionario cobra un promedio de 60 dólares al mes. Cuando la hermana de Aziza huyó, su marido no aceptó quedarse sin esposa después de lo que le había costado, y así Aziza se convirtió en moneda de cambio. Si su hermana escapó, no obstante, sería por algo. Ella lo descubrió después. “Me pegaban, tanto él como mi suegra”, dice tímidamente, con voz casi imperceptible. Hasta que un día directamente la quemaron viva. Aún así, cuando agonizaba en el hospital, el marido aún intentó llevársela a casa de nuevo porque, para algo, era suya. “Mi madre me ayudó. Me llevó al Ministerio de Asuntos de la Mujer”, explica Aziza. Y desde allí la trasladaron a la casa de acogida. Su madre, no obstante, también fue la que permitió la absolución del marido. El hombre fue encarcelado, y después puesto en libertad después de que la madre de Aziza, analfabeta, estampara su huella dactilar en unos documentos sin saber lo que decían. Eran el perdón de la familia y la retirada de todos los cargos contra el acusado.
La responsable de la casa de acogida dice que quieren llevar a Aziza al extranjero para que reciba tratamiento médico, pero hay un problema: le guste o no, la joven continúa casada y, para viajar, necesita la autorización del esposo. Sin embargo, añade que Aziza tiene muchas posibilidades de conseguir el divorcio. “En primer lugar, porque la casaron cuando era una niña, y la Constitución afgana no permite que una mujer se case antes de los dieciséis años. Y en segundo, porque es una clara víctima de género, tan sólo hay que ver su cuerpo”, explica Hamida. En Afganistán, no obstante, los procesos judiciales son eternos y las causas por violencia de género aún más. Tal vez un día Aziza se podrá divorciar pero ¿cuándo?



